Barack obama

Sí, y efectivamente se pudo y Barack Obama será el primer Presidente negro de los EE.UU. Un cambio que va mucho más allá de un simple cambio de Presidente en la Casa Blanca.


“Yes, we can” ha sido el lema de campaña del Senador Obama, un grito de guerra que ha ilusionado a todo un país y, por extensión, al Mundo entero en un momento en el que la crisis financiera golpea con dureza a todo el Planeta. Al mismo tiempo, con la victoria de Obama se rompe con uno de los mitos más manidos con respecto a la política estadounidense: “un negro nunca podrá ser Presidente de los EE.UU.”
Efectivamente, Obama supone una nueva esperanza para EE.UU. y para el resto del Mundo, supone también la caída de muchos mitos sobre este inmenso país y nos sitúa en un nuevo escenario que ilusiona a propios y extraños.
Obama ha demostrado que el cambio es posible, más allá de prejuicios y tópicos; Obama ha transformado el “Yes we can” (”Sí, podemos”) en “Yes we did” (”Sí, lo hicimos”); Obama ha podido cambiar la Historia de este gran país que es EE.UU.
Un viaje al gigante americano desvela al viajero las razones por las cuales EE.UU. es esa gran potencia mundial. Un viaje a los EE.UU. desvela al viajero los secretos de este puzzle multiétnico y cultural, verdadero motor que ha convertido a la mayor democracia del Mundo en el punto de referencia y modelo de cualquier sociedad moderna y que ha sido, precisamente, el que ha hecho posible la victoria de Obama, una victoria que se inscribe en la Historia.
EE.UU. es un gran país, querido por muchos pero también odiado por otros tantos, objeto de innumerables prejuicios de quienes desconocen el valor de su gente, de la infinidad de culturas que componen su día a día y que lo han convertido en lo que es, dando un ejemplo en esta ocasión de que los mitos y los prejuicios se pueden derribar. Otro tópico antiamericano ha caído.
Obama ha hecho posible con su victoria un cambio que trasciende lo político y lo económico, un cambio que hace justicia con este gran país de pioneros y emprendedores en el que todo es posible. Efectivamente, el “sueño americano” es posible.
on el 52% de los votos, Obama ha arrastrado la ilusión por el cambio, la ilusión por seguir reforzando los sólidos cimientos de la mayor democracia del Mundo, dando con ello una nueva lección a los recién llegados a esto de la democracia y que pretenden dar, precisamente, lecciones democráticas a este gran país lleno de valores que arrancaron con la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, más de 200 años de democracia.
Obama nos ha vuelto a demostrar con su victoria que EE.UU. es un país diferente, un país que rompe moldes, un país en el que todo puede ocurrir y en lo que nada puede sorprender. EE.UU. es un país en el que nada está escrito, un país que no está nunca encorsetado por viejos moldes, modelos y prejuicios, un país en el que los tópicos están fuera de lugar.
Desde ViajeAhorro.com nos congratulamos por la victoria de Obama, de la misma forma que ha hecho su contrincante John McCain, algo que extraña en la Vieja Europa pero que es lo común en los procesos electorales estadounidenses, donde el perdedor inmediatamente felicita al ganador y habla de “Mi Presidente”, consolidando así, elección tras elección, la democracia más antigua del Mundo en la que todo es posible y en la que el cambio ha vuelto a ser posible.

Ricardo Alfonsín: Biografía

Ricardo Luis Alfonsín fue el tercer hijo de los seis que tuvieron Raúl Ricardo Alfonsín y María Lorenza Barreneche. Nació el 2 de noviembre de 1951, en Chascomús, provincia de Buenos Aires, que si bien por aquellos años ya había alcanzado el estatus de ciudad, conservaba aún el encanto de los típicos pueblos de clase media, forjados con el impulso de las corrientes inmigratorias.

En su historia familiar se refleja la Argentina de la movilidad social ascendente que a principios del siglo XX constituía la esperanza de toda la Nación: bisabuelo inmigrante analfabeto vendedor de cueros, abuelo comerciante de ramos generales y padre abogado que llegó a Presidente de la Nación.

Hasta iniciar su carrera universitaria, toda la educación escolar la recibió en la Escuela Normal 1 de su ciudad donde se recibió de maestro. Luego llegó también a dictar clases de Educación Cívica en las mismas aulas.

La universidad y los años posteriores

Se trasladó a Buenos Aires para recibirse de de abogado en la Facultad de Derecho de la UBA, luego de lo cual empezaría a trabajar en el estudio jurídico de su padre. Por aquellos años también comenzó a militar en la Unión Cívica Radical, primero en su ciudad y luego en la provincia de Buenos Aires.

En agosto de 1982, pocos meses después de la Guerra de Malvinas, se casó con la artista plástica Cecilia Plorutti, también nacida en Chascomús, con quien tuvo cuatro hijos.

Al año siguiente Raúl Alfonsín asumía el gobierno de la democracia recuperada en la Argentina, tras siete años de dictadura militar. Durante ese período Ricardo desempeñó el rol discreto que el recato impone a los hijos de un Presidente, más allá de que siempre se mantuvo atento a las problemáticas públicas.

defensor de la democracia

En 1993 obtuvo su primer cargo partidario a nivel nacional como convencional de la Unión Cívica Radical. Seis años más tarde su primer cargo electivo: diputado provincial por Buenos Aires. En medio del avance neoconservador, desde su banca se convirtió en claro defensor del Estado presente al servicio de los que más necesitados y del interés nacional.

Al finalizar su mandato en la Legislatura bonaerense ocupó la Secretaría de Relaciones Internacionales de la Unión Cívica Radical. En 2007 fue candidato a gobernador, junto a Luis Brandoni. Aún cuando la derrota no fue una sorpresa, el ejercicio democrático de la campaña le permitió conocer cada ciudad, cada pueblo, cada historia de su provincia, lo que lo diferenció de aquellos que apostaban a la mediatización de la política.

En las elecciones legislativas de 2009 fue electo diputado nacional por primera vez, al integrar la lista del Acuerdo Cívico y Social de la Provincia de Buenos Aires, como segundo candidato.

A poco de asumir su banca el 10 de diciembre, fue elegido por sus compañeros de bancada y después por el resto de sus pares, como vice Presidente primero de la Cámara de Diputados de la Nación.

En agosto de 2010 lanzó una nueva agrupación interna de la Unión Cívica Radical, el MO.RE.NA, Movimiento de Renovación Nacional.

Desde allí se impulsa su candidatura a Presidente de la Nación con vistas a las elecciones de 2011, con el objetivo de siempre: construir la Argentina de la movilidad social ascendente en la que él y muchos argentinos se criaron. Esta vez con la libertad conquistada y la igualdad como destino a alcanzar.

Partidos políticos de Argentina

Durante el final del siglo XIX y principios del XX, Argentina fue una de las pocas naciones en América Latina con partidos políticos bien establecidos y en pleno funcionamiento. Sin embargo, entre 1930 y 1983 las fuerzas armadas fueron un factor mucho más poderoso en la política argentina que cualquier partido político. Casi todos los gobiernos de Argentina durante este período fueron respaldados directamente por militares o militares, y casi todos los cambios en el gobierno resultaron de golpes de estado militares en lugar de elecciones competitivas.

Los dos partidos políticos tradicionales más grandes fueron el Partido Justicialista (PJ – también llamado Peronista), fundado en 1945 por Juan Domingo Perón, y la Unión Cívica Radical (UCR), o Unión Cívica Radical, fundada en 1891. Nuevas fuerzas políticas y alianzas tienden para formar durante cada ciclo de elección. Ejemplos notables en los últimos años incluyen la Coalición Cívica (CC) y la Propuesta Republicana (Propuesta Republicana, o PRO), ambos concentrados en los centros urbanos y trabajando para construir estructuras nacionales partidarias. PRO se basa principalmente en la ciudad de Buenos Aires, donde su líder, Mauricio Macri, ganó las elecciones de la alcaldía de 2007 y ganó la mayoría de los votos en la primera ronda de la elección de la alcaldía de 2011.

El sistema de partidos políticos

El sistema de partidos políticos era inestable e incapaz de servir como un gran apoyo para la consolidación de la democracia liberal. Las características dominantes de la mayoría de los partidos fueron el faccionalismo y el personalismo. La cohesión y la eficacia dependían de un líder fuerte, en ausencia de lo cual las organizaciones políticas locales y personales a menudo eran más fuertes que el partido nacional. Los partidos individuales casi siempre tenían la provincia, no la nación, como su punto de referencia fundamental. En general, los principales partidos no tenían políticas distintivas, y las divisiones entre las partes y entre las facciones intrapartidas se basaban en personalidades tanto o más que en la ideología.

inestabilidad y debilidad de las instituciones democráticas

La inestabilidad organizativa del sistema de partidos se reflejó en el hecho de que aunque entre siete y 10 partidos típicamente impugnaban las elecciones nacionales anteriores a principios de la década de 1950, al menos 150 partidos distintos participaron en las elecciones celebradas entre 1955 y 1965. En el momento de la Golpe de estado de 1966, hubo tres partidos radicales separados, cuatro partidos socialistas, al menos una docena de partidos peronistas y neoperonistas, y tal vez 20 partidos conservadores. Aunque nueve partidos y coaliciones impugnaron las elecciones de 1972, solo la UCR y el PJ tenían una organización formal en cada provincia. Quince partes impugnaron las elecciones de 1983, 13 de las cuales presentaron candidatos presidenciales.

La naturaleza fluida de los partidos políticos contribuyó a la debilidad de las instituciones democráticas liberales. La mayoría de los partidos eran poco más que máquinas electorales diseñadas para promover las ambiciones políticas de sus líderes. Su objetivo era obtener el control de la rama ejecutiva; una vez que se logró, las partes sirvieron poco. Rara vez un partido del gobierno desempeñó un papel importante en la formación de políticas. Hubo pocos incentivos para que los partidos de oposición apoyaran al gobierno porque el mecenazgo y la participación en la formulación de políticas provenían únicamente del control del poder ejecutivo. Por lo tanto, debilitar al presidente tanto como sea posible fue la mayor preocupación de los partidos de oposición. Al impedir el programa del presidente, los partidos de oposición podrían esperar precipitar una crisis política, lo que podría aumentar sus posibilidades de obtener la presidencia.

Aunque el “Frente Para la Victoria” (u “oficialismo” del que tanto Balestrini y Vaca son miembros) tenía una pluralidad, hubo 31 bloques políticos diferentes en el Congreso antes de las elecciones de 2007, lo que dificultó la obtención del consenso. Si bien hay nominalmente más de 40 partidos políticos nacionales y 650 partidos locales en Argentina, como ha sido el caso en las pasadas elecciones, los principales candidatos en los exámenes parciales de junio de 2007 estuvieron respaldados por coaliciones contra partidos individuales. Siete alianzas registradas en la provincia de Buenos Aires, la campaña electoral de esta carrera representa el 37% del voto nacional.

Las cuatro alianzas principales incluyeron el gobernante FpV pero bajo un nombre recién bautizado, el Victory Peronist Front (FJpV); la PRO-Unión de los disidentes peronistas; el Partido Radical (UCR), la Coalición Cívica (CC) y el recién creado Acuerdo Cívico y Social del Partido Socialista; y el Consenso Federal del vicepresidente Julio Cobos. Nueve alianzas registradas en el Distrito Federal, otro distrito electoral clave que representa el 9.5% del voto nacional. Las tres principales alianzas incluyen la propuesta republicana (PRO), el Acuerdo cívico y social y el gobernante Frente de la Victoria (FpV).

En diciembre de 2009, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (CFK), aprovechándose de su mayoría (próxima a vencer) en el Congreso cojo, logró que se aprobara su proyecto de reforma electoral sin mayores modificaciones. La nueva ley tiene elementos positivos y sensibles que podrían hacer que los partidos políticos sean más democráticos y menos el fiefdo personal