Partidos políticos de Argentina

Durante el final del siglo XIX y principios del XX, Argentina fue una de las pocas naciones en América Latina con partidos políticos bien establecidos y en pleno funcionamiento. Sin embargo, entre 1930 y 1983 las fuerzas armadas fueron un factor mucho más poderoso en la política argentina que cualquier partido político. Casi todos los gobiernos de Argentina durante este período fueron respaldados directamente por militares o militares, y casi todos los cambios en el gobierno resultaron de golpes de estado militares en lugar de elecciones competitivas.

Los dos partidos políticos tradicionales más grandes fueron el Partido Justicialista (PJ – también llamado Peronista), fundado en 1945 por Juan Domingo Perón, y la Unión Cívica Radical (UCR), o Unión Cívica Radical, fundada en 1891. Nuevas fuerzas políticas y alianzas tienden para formar durante cada ciclo de elección. Ejemplos notables en los últimos años incluyen la Coalición Cívica (CC) y la Propuesta Republicana (Propuesta Republicana, o PRO), ambos concentrados en los centros urbanos y trabajando para construir estructuras nacionales partidarias. PRO se basa principalmente en la ciudad de Buenos Aires, donde su líder, Mauricio Macri, ganó las elecciones de la alcaldía de 2007 y ganó la mayoría de los votos en la primera ronda de la elección de la alcaldía de 2011.

El sistema de partidos políticos era inestable e incapaz de servir como un gran apoyo para la consolidación de la democracia liberal. Las características dominantes de la mayoría de los partidos fueron el faccionalismo y el personalismo. La cohesión y la eficacia dependían de un líder fuerte, en ausencia de lo cual las organizaciones políticas locales y personales a menudo eran más fuertes que el partido nacional. Los partidos individuales casi siempre tenían la provincia, no la nación, como su punto de referencia fundamental. En general, los principales partidos no tenían políticas distintivas, y las divisiones entre las partes y entre las facciones intrapartidas se basaban en personalidades tanto o más que en la ideología.

La inestabilidad organizativa del sistema de partidos se reflejó en el hecho de que aunque entre siete y 10 partidos típicamente impugnaban las elecciones nacionales anteriores a principios de la década de 1950, al menos 150 partidos distintos participaron en las elecciones celebradas entre 1955 y 1965. En el momento de la Golpe de estado de 1966, hubo tres partidos radicales separados, cuatro partidos socialistas, al menos una docena de partidos peronistas y neoperonistas, y tal vez 20 partidos conservadores. Aunque nueve partidos y coaliciones impugnaron las elecciones de 1972, solo la UCR y el PJ tenían una organización formal en cada provincia. Quince partes impugnaron las elecciones de 1983, 13 de las cuales presentaron candidatos presidenciales.

La naturaleza fluida de los partidos políticos contribuyó a la debilidad de las instituciones democráticas liberales. La mayoría de los partidos eran poco más que máquinas electorales diseñadas para promover las ambiciones políticas de sus líderes. Su objetivo era obtener el control de la rama ejecutiva; una vez que se logró, las partes sirvieron poco. Rara vez un partido del gobierno desempeñó un papel importante en la formación de políticas. Hubo pocos incentivos para que los partidos de oposición apoyaran al gobierno porque el mecenazgo y la participación en la formulación de políticas provenían únicamente del control del poder ejecutivo. Por lo tanto, debilitar al presidente tanto como sea posible fue la mayor preocupación de los partidos de oposición. Al impedir el programa del presidente, los partidos de oposición podrían esperar precipitar una crisis política, lo que podría aumentar sus posibilidades de obtener la presidencia.

Aunque el “Frente Para la Victoria” (o “oficialismo” del que tanto Balestrini y Vaca son miembros) tenía una pluralidad, hubo 31 bloques políticos diferentes en el Congreso antes de las elecciones de 2007, lo que dificultó la obtención del consenso. Si bien hay nominalmente más de 40 partidos políticos nacionales y 650 partidos locales en Argentina, como ha sido el caso en las pasadas elecciones, los principales candidatos en los exámenes parciales de junio de 2007 estuvieron respaldados por coaliciones contra partidos individuales. Siete alianzas registradas en la provincia de Buenos Aires, la campaña electoral de esta carrera representa el 37% del voto nacional.

Las cuatro alianzas principales incluyeron el gobernante FpV pero bajo un nombre recién bautizado, el Victory Peronist Front (FJpV); la PRO-Unión de los disidentes peronistas; el Partido Radical (UCR), la Coalición Cívica (CC) y el recién creado Acuerdo Cívico y Social del Partido Socialista; y el Consenso Federal del vicepresidente Julio Cobos. Nueve alianzas registradas en el Distrito Federal, otro distrito electoral clave que representa el 9.5% del voto nacional. Las tres principales alianzas incluyen la propuesta republicana (PRO), el Acuerdo cívico y social y el gobernante Frente de la Victoria (FpV).

En diciembre de 2009, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (CFK), aprovechándose de su mayoría (próxima a vencer) en el Congreso cojo, logró que se aprobara su proyecto de reforma electoral sin mayores modificaciones. La nueva ley tiene elementos positivos y sensibles que podrían hacer que los partidos políticos sean más democráticos y menos el fiefdo personal

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